jueves, 16 de febrero de 2017

Nos hemos olvidado...

¿Es que nos hemos olvidado? ¿Acaso hemos olvidado que te marchaste? ¿Que te dejé volver? ¿Que te dejé intentar recomponer mi corazón? Si ya has suspirado. Si ya te ha invadido un poquito la pereza. Si ya estás pensando "otra vez". Para. No hay más que leer.

Pero si no, siga, por favor.

Como te iba diciendo, ¿nos hemos olvidado de todo? De que yo me fui, con ganas de arreglar algo que no tenía solución. De que yo te rogué volver, y que tú me rogabas comprensión. De que tú nadabas hacia una orilla y yo ya había perdido el punto en el que podía tocar tierra. Tanto que cambié de ciudad. De país. De idioma. Es que acaso nos hemos olvidado de que tú no viniste. Que fui yo la que cogió aquel avión. Es que acaso nos hemos olvidado de todas las noches que te lloré. A 2.500 kilómetros. A cinco mil besos de distancia. A eternos abrazos que tanto necesité y nunca recibí.

No es reproche. Es realidad. Fuera dramas. Fuera excusas. Fuera peleas. Por favor. Por una vez en estos años. Léeme atentamente.

No quiero promesas falsas. No he vuelto para esto. No quiero no poder hablar. No quiero que todo sea una discusión. Quiero a dos personas dialogando. No quiero que todo haya sido para nada. No quiero una vida sin ti. No quiero perderme un nuevo reencuentro. Ni ese momento en el que decida volver para quedarme. Ni ese instante en el que encontremos nuestro nidito de amor. Ni ese primer viaje al caribe. Ni nada.

Levanta la cabeza del ombligo, de tu opinión, de tu visión. Estoy aquí. Por activa y por pasiva. Esto es la última bengala de ese hombre que naufragó en una perdida isla desierta, loco de ganas porque ese avión por fin visualice el fogonazo rojo de luz. Soy la bengala. El fogonazo. La luz.

Quiero recuperar ese chico que, aquel 31 de diciembre, fue capaz de mostrar su disgusto ante una situación. Pero también fue capaz de volver a escribir "eh, no quiero que volvamos a pasar un rato más peleados". Aquel que un "para despedirnos" le sonaba a el fin del mundo. Aquel que vio que la niñata consentida de 21 años ya no tenía cabida en su vida.

Soy yo. Por favor