viernes, 6 de enero de 2017

Desaprendiendo

Hoy, tras la resaca de esta Navidad que te ha traído en forma de regalo de Reyes, sola, en el silencio de mi habitación 185 en Bromley-by-Bow, he respirado, he contado hasta 10, he oído la lista de reproducción de Spotify "Las canciones más bonitas del mundo", bajo mi manta de gatitos, y me he parado a pensar en todo lo que tengo que desaprender.

Pero empecemos por lo que ya he desaprendido.

Desaprendí a que me importara que otras te importaran un rato. Desaprendí a esperar. Desaprendí a gritar. Desaprendí sentir dolor. Desaprendí ser detective de todos tus pasos. Desaprendí a desquererme. Desaprendí a llorar (y aprendí a llorar de la risa). Desaprendí a vivir en el futuro. Desaprendí a dejar de darle vueltas a todo. Desaprendí a preocuparme.

Pero volviste. Volviste y yo solo tuve que leer "lo que no te enteras es que quiero plantarme en Londres a arreglar la maldita situación". Y ya. Desaprendí olvidarme de ti. Desaprendí olvidarme de tu olor. De tu risa. De tu sonrisa. De tus "nena" o tus "baby".

Hoy he leído un artículo que rezaba "10 consejos para reconciliarte con el amor de tu vida". Cuenta hasta diez. Ten una señal para los dos cuando esté cruzando el límite de tu paciencia. No pretendas ganar siempre (esa me la apunto de verdad). Ponle humor. Pon de tu parte. Pero hay una que me ha cruzado el corazón como la flecha que protagoniza este blog: da un abrazo infalible. Y recuerdo cuándo desaprendía el comienzo de nuestras discusiones y un "venga ya, tonta" y el abrazo que le seguía, con una llamada de teléfono a la pizzería más cercana lo curaba todo.

Sé que me queda mucho por desaprender. Pero que sea contigo. Siempre contigo. 

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