lunes, 23 de enero de 2017

Soy yo

¿Será cierto eso de que la gente nunca cambia?

He evitado hacerme esta pregunta y escribir sobre ello desde el día en el que me di cuenta de que volvías a mi vida y era un punto de no retorno. Porque pensar en todo lo que nos ha separado no entraba en mis planes. Pero hay momentos en los que coges mi corazón, mi mente y mi todo y lo conviertes en hielo.

Soy yo. Melisa. 23 años. Pelo oscuro natural. Toda la vida pretendiendo ser rubia y fallando en cada intento. Enamorada de Nueva York desde los 18 años. Afincada en Londres desde hace cuatro meses. Periodista enloquecida con el mundo de la moda. Blogger y Youtuber (quién me lo iba a decir). Que un día cambio el rumbo de su noche y apareció en aquella esquina donde, casualmente, encontró su media naranja. Porque yo siempre lo he sabido. "Ya está, Melisa. Deja de buscar. Es él. Tus hijos tendrán sus ojos. Será quien te espere en el altar. Quien sostenga tu mano al otro lado de las fotos. Ríndete. Ha aparecido". Soy yo. Con mis locuras. Con mi interminable sentido del humor y mis bromas. Con mi, por lo visto. desagradable tono de voz. Con mis llantos y mis risas. Con mis cosquillas. Con mis ganas de comerme el mundo y no ver el tope. Estoy orgullosa de ser lo que soy.

Recuerda que yo, la misma que apareció aquella tarde del 31 de diciembre de 2016 por sorpresa en el aeropuerto para revivir las llamas de aquello tan maravilloso que un día tuvimos y que un día decidimos hacer desaparecer, te he querido siempre con tus más y tus menos. Con tus ángeles y tus demonios. Pero sobre todo con tus demonios. Los mismos que yo tengo y que tendré siempre.

Firmado, la pequeña chica que tanto miedo te daba perder y que ahora está aquí. 

sábado, 7 de enero de 2017

Por pedir... que no quede

Por pedir, pido que, ojalá, ahora estuvieras aquí conmigo, sosteniendo mi cinturita mientras cocino para ti. Por pedir pido que compartas esta botella de vino conmigo. Que se nos olvide que hora es porque yo ya he apoyado mis pies en tu regazo, la vela se ha consumido y apenas nos queda alcohol que echar en las copas. Por pedir pido que, de repente, te des cuenta de que llevo una camiseta, y nada más, mientras me agacho a coger la servilleta que se acaba de caer al suelo de nuestra nueva casa.

Por pedir pido que nos comamos a besos y me arrincones en la pared hasta quemarme los labios. Por pedir pido que tu cama, por fin, sea la mía, y viceversa. Por pedir pido que mañana lo primero que vea al levantarme sean tus ojos verdes fijados sobre mí. Por pedir pido que este sea el 0. La casilla de salida. El punto de partida. El pistoletazo de salida. Por pedir pido que nos dejemos sorprender. Que solo estemos tú y yo. Por pedir pido que esto sea para siempre.


viernes, 6 de enero de 2017

Pero recuerda

Pero recuerda que yo siempre he estado aquí. Que estuve. He estado. Pasé por esto. Sola. Y cuatro meses dan para mucho. Pero no para todo.

Sé paciente

Desaprendiendo

Hoy, tras la resaca de esta Navidad que te ha traído en forma de regalo de Reyes, sola, en el silencio de mi habitación 185 en Bromley-by-Bow, he respirado, he contado hasta 10, he oído la lista de reproducción de Spotify "Las canciones más bonitas del mundo", bajo mi manta de gatitos, y me he parado a pensar en todo lo que tengo que desaprender.

Pero empecemos por lo que ya he desaprendido.

Desaprendí a que me importara que otras te importaran un rato. Desaprendí a esperar. Desaprendí a gritar. Desaprendí sentir dolor. Desaprendí ser detective de todos tus pasos. Desaprendí a desquererme. Desaprendí a llorar (y aprendí a llorar de la risa). Desaprendí a vivir en el futuro. Desaprendí a dejar de darle vueltas a todo. Desaprendí a preocuparme.

Pero volviste. Volviste y yo solo tuve que leer "lo que no te enteras es que quiero plantarme en Londres a arreglar la maldita situación". Y ya. Desaprendí olvidarme de ti. Desaprendí olvidarme de tu olor. De tu risa. De tu sonrisa. De tus "nena" o tus "baby".

Hoy he leído un artículo que rezaba "10 consejos para reconciliarte con el amor de tu vida". Cuenta hasta diez. Ten una señal para los dos cuando esté cruzando el límite de tu paciencia. No pretendas ganar siempre (esa me la apunto de verdad). Ponle humor. Pon de tu parte. Pero hay una que me ha cruzado el corazón como la flecha que protagoniza este blog: da un abrazo infalible. Y recuerdo cuándo desaprendía el comienzo de nuestras discusiones y un "venga ya, tonta" y el abrazo que le seguía, con una llamada de teléfono a la pizzería más cercana lo curaba todo.

Sé que me queda mucho por desaprender. Pero que sea contigo. Siempre contigo. 

lunes, 2 de enero de 2017

Y pasó

Y pasó. Lo que yo tanto añoraba. Lo que me quitaste. Lo positivo de estos polos opuestos. Lo que tanto ansiaba darte. Lo que tanto insistía en decirte que imaginaras y que luego se iba a quedar tan corto. Y tan corto.

Y pasó. Pasó ese momento en el que sabes que en unas horas me vas a tener entre tus brazos. Pasaron esas largas horas que parecían horas hasta que podrías pisar la zona de llegadas. Pasó ese instante en el que el vuelo ha aterrizado pero yo no aparezco. Pasó ese pellizco que invade tu estómago cuando por fin, tras cuatro eternos y largos meses, las puertas automáticas se abrieron a mi paso. Y pasó. Ese abrazo. Ese abrazo en el aeropuerto. Pasó ese primero beso. Ese primer pellizco en el culo.

Pero lo mejor es que luego pasó todo lo demás. Nos comimos con los ojos. Nos besamos con la piel. Y todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás y mucho más. Tú y yo. Y eso que nunca cambiará.

Hoy de nuevo estoy aquí, a 2.5000 kilómetros de ti. En una cama que no es la nuestra. Sin poder abrazarte en mitad de la noche. Sin poder esperar a que me despiertes. Y de qué forma. Sin poder mirar tus ojos que tanto me enamoran.

Ahora, a disfrutar. A esperar a que pase. Y, ay cuando pase...