jueves, 30 de julio de 2015

De locos, pero real, muy real

Quizás es de locos pensar que se me fue de las manos quererte. Porque se me fue de las manos, y de todas partes. Sobre todo del corazón. Llegaste a mi vida en un momento en el que nada tenía sentido. O quizás todo. Volvía a codearme con el pasado, bailaba peligrosamente con él, como quien juega con la mecha de un encendedor. También intentaba resistirme a la tentación con la que gusta tropezar más de una vez, que sabes que te raspará las rodillas. Y tú viniste a zarandearme. ¿Te suena esa palabra? Cada día tu nombre aparecía sobre la misma hora, todas las mañanas, en mi pantalla, como quien toca suavemente siempre a la misma puerta para recordar que, pese a todo, va a seguir ahí, insistiendo, estando, "molestando". Porque así eras tú. Venías, me rondabas, me comprobabas, dabas una vuelta a mi alrededor, me mirabas de arriba abajo, y te volvías a ir por dónde habías venido (Granada) cada noche. Si tú pensabas que yo me enamoraría de ti, pero que no entraba en la ecuación caer rendido a mis pies, ni en mis mejores sueños habría imaginado que, más de siete meses después, te amaría cómo lo hago a día de hoy. Porque decirle a la gente que se me fue de las manos quererte, es una gran mentira. Porque eres mi antítesis. Porque eso de que los polos opuestos se atraen, se ha cumplido con nosotros. La niñata consentida, mal hablada, impaciente, rallada, gritona e imperfecta se enamoró del intransigente, vacilón, trilero, cabezón y tranquilo señor Villar. Yo prefiero ver que me enamoré de tus ojos. De tus profundos ojos. De tu manera de mirarme. De tu forma de reaccionar ante mis inesperados besos, que tan nerviosos te ponían. De tus "quiéreme joder". De tus "¿cuándo vienes?". Y sobre todo, me enamoré de lo indefenso que te quedaste cuando supe que estabas enamorado de mí. Porque sí, la gente jamás se creería todo lo que te amo, todo lo que somos, compartimos y vamos a llegar a ser. Por eso, mejor sigamos teniéndolos engañados, haciéndoles creer que los amores como el nuestro no existen. Porque tras horas sentada ante este teclado y esta pantalla, sigo sin saber cómo, ni dónde, ni por qué nos encontramos. Pero, joder, qué alegría que todo ocurriese así. Te amo, te amo, te amo. 

lunes, 13 de julio de 2015