miércoles, 17 de junio de 2015

68 días

Déjame decirte algo. Bueno, déjame decirte muchas cosas. Me has oído prometer lo que me parece una barbaridad de veces en comparación con los 68 días que llevo sintiéndome la mujer más afortunada del universo. Créeme, estoy en mi mejor/peor momento. Lo sé, es difícil entenderlo. Y lo sé, es aún más difícil soportarme. Me ha costado lo que para mí es una eternidad comprender que no somos dos bombas de relojerías intentando imponer su orden, sino que tú intentas adaptarte a ese orden, a esas leyes que mi peor parte intenta establecer en todo momento. Los perdones ya no tienen cabida, es como intentar emplear una palabra para todo esto que tenemos y sentimos el uno por el otro. Nunca he tenido que trabajar para ser mejor persona o estar a la altura de mi otra mitad, siempre ha sido a la inversa. Por primera vez, tú eres quien me merezco, molas y por mucho que intente buscarle explicación y lógica, te has enamorado de mí y quiero disfrutar esas dos horas que tienes para comer, ese desayuno en el que tu prefieres dormir y yo verte soñar, esos minutos telefónicos o, para qué engañarnos, estos dos meses que llevas haciéndome inmensamente feliz y que poco valoro. Por prometer, prometo regalarte el mundo entero y ponerlo a tus pies, igual que tú llevas haciendo este tiempo. Por prometer, prometo seguir demostrándote a mi manera todo lo que te quiero, siendo dulce, cariñosa, atenta... Y seguir siendo la niña consentida de 21 de la que te enamoraste. Aguanta. Aguántame. Por toda una eternidad. 

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