miércoles, 17 de junio de 2015

68 días

Déjame decirte algo. Bueno, déjame decirte muchas cosas. Me has oído prometer lo que me parece una barbaridad de veces en comparación con los 68 días que llevo sintiéndome la mujer más afortunada del universo. Créeme, estoy en mi mejor/peor momento. Lo sé, es difícil entenderlo. Y lo sé, es aún más difícil soportarme. Me ha costado lo que para mí es una eternidad comprender que no somos dos bombas de relojerías intentando imponer su orden, sino que tú intentas adaptarte a ese orden, a esas leyes que mi peor parte intenta establecer en todo momento. Los perdones ya no tienen cabida, es como intentar emplear una palabra para todo esto que tenemos y sentimos el uno por el otro. Nunca he tenido que trabajar para ser mejor persona o estar a la altura de mi otra mitad, siempre ha sido a la inversa. Por primera vez, tú eres quien me merezco, molas y por mucho que intente buscarle explicación y lógica, te has enamorado de mí y quiero disfrutar esas dos horas que tienes para comer, ese desayuno en el que tu prefieres dormir y yo verte soñar, esos minutos telefónicos o, para qué engañarnos, estos dos meses que llevas haciéndome inmensamente feliz y que poco valoro. Por prometer, prometo regalarte el mundo entero y ponerlo a tus pies, igual que tú llevas haciendo este tiempo. Por prometer, prometo seguir demostrándote a mi manera todo lo que te quiero, siendo dulce, cariñosa, atenta... Y seguir siendo la niña consentida de 21 de la que te enamoraste. Aguanta. Aguántame. Por toda una eternidad. 

viernes, 12 de junio de 2015

Egoempatiza

Creo que una de las cosas que más valoro en los seres humanos es su capacidad de empatizar. En los desconocidos, en esas personas que no saben nada de ti, que pueden hacer juicios de valor sobre tu situación es aún más admirable y algo que dice mucho, y muy positivamente de ese ser. Pero, déjame hablarte hoy del concepto de empatía que me gustaría que tuviesen mis seres queridos. Tengo 22 años. Me creía madura, capaz, eficiente, que estaba en el camino, y todo cambió, dio un giro de 180º y me colocó en la dura, cruel y verdadera realidad. En la verdadera madurez, en el verdadero camino. Pero ningún cambio de esa magnitud conlleva solo cosas positivas. En el viaje los restos de cicatrices son perennes, en mi opinión de por vida, resquicios del dolor, que te recuerdan tu fortaleza. Y quizás a veces eres demasiado dura, demasiado intransigente, demasiado todo. Todo es un mundo. Un grano de arena es para ti el Everest. Perdón. Perdón por ser así. Sé que no está bien. Pero ser egoísta, no empatizar con la persona que es tu todo, tampoco es algo bueno, ¿no? Llévame por el sendero que conduce al término medio, el lugar donde nos ponemos de acuerdo, alejado de la catástrofe que es para mí una noche sin ti y la normalidad de una noche sin mí que es para ti. Empatizar. Ver el dolor que causan en mí algunas cosas, por muy diminutas que sean, por muy insignificantes que parezcan. Jamás permitiría, en mi total conciencia, causar un 0,00000000001% de dolor en las personas que amo, respeto y hacen mi día a día más sencillo. Al fin y al cabo, la empatía, lo es todo, ¿no crees? 

lunes, 1 de junio de 2015

Remember why you started


Sí. Ha llegado el momento de hacer balance. A comienzos del último año de universidad, allá por octubre, una vez más, la filosofía de vida por la que me rijo, el maktub (está escrito) puso delante de mí la frase remember why you started. Desde entonces la llevo grabada a fuego y hoy la tengo más presente que nunca. Parece mentira, es la frase que a todos se nos ha venido hoy a la cabeza al ver junio en nuestros móviles, ordenadores y demás chismes propios del siglo XXI. Recordar por qué empecé periodismo hace 4 años es algo que me he tenido que repetir muchas veces a lo largo de estos últimos meses: mi futuro, mi pasión, mi amor por la moda, por escribir, por comunicar... El fin de una importantísima etapa se acerca. Pero luego, luego está lo mejor, el momento de empezar de cero. Ánimo, si hemos podido durante 4 años podemos durante un mes más. Recuerda por qué empezaste y continúa. Por los últimos metros de esta carrera a fondo.