miércoles, 22 de abril de 2015

Amor

Hay sensaciones que no se olvidan. Jamás. Por suerte nunca olvidaré ese buche del mojito de 8 euros que me tomé junto con mis dos medias naranjas en Conil. Ni la primera vez que me monté en tu coche y te desarmaste. Ni ese cigarro después de un buen polvo. Ni la primera vez que me dijiste que me querías. Ni la felicidad que me inundó, la más absoluta que jamás he padecido, mientras viajaba en metro en Londres. Ni lo que sentí al subirme al Empire State. Por desgracia, tampoco olvidaré lo pequeña que me hice cuando todo mi mundo se venía abajo. Supongo que, en un porcentaje que cada vez disminuye más y a mayor velocidad, nunca, jamás, olvidaré el miedo a la fuga. Y, créeme, no estaba en el mejor momento, ni te esperaba cuando llegaste, ni confié en ti nunca, pero si de algo estoy segura a día de hoy es, no que te quiero, sino que te amo, que estoy loca y perdidamente enamorada de ti, que me he rendido a ti, a tus preciosos ojos verdosos en los que me pierdo y que tanto me cuesta encontrar luego la salida de emergencia, y de que tú también me quieres. Pero, amigo mío, no sé cuando tú estas al 1009% seguro de que te has enamorado, pero cuando yo suelto una lágrima, cuando el miedo se convierte en escalofríos... Eso, eso es amor para mí. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario