martes, 10 de febrero de 2015

Saturación

Saturación. Esa es la palabra. Admito mi mérito. He avanzado en esta carrera del amor. He dejado de ver al hombre perfecto, a una pareja para toda la vida, de dorar la píldora, de ir detrás cual perrito faldero, de no valorarme, para pasar al otro extremo. A ver la paja en el ojo ajeno, a pensar que la persona que tengo delante tiene más defectos que virtudes, que es otro pez más, que me dará más dolores de cabeza que orgasmos. Quizás me he pasado toda mi vida pensando que soy gris, y en realidad soy más de pasar del blanco al negro en un santiamén. O no. Por eso ha llegado el momento de volver a poner cordura en mi vida. O no. Lo que sí sé es que quiero paz, que quiero quererme, que quiero que me quieran, que me enamoren, que adoren, que me pongan un altar y un trono. No sé si ahora, mañana o dentro de meses o años. Que no quiero que el amor sea el epicentro de mi universo. Esto último sí que lo tengo claro. Porque ese epicentro debo ser yo, los míos y todo lo bueno que me pase. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Tú lo has querido

Has tenido la culpa. Lo siento. Casi el 90% de que ya pueda mirarte sin que me tiemblen las piernas, que guiño de ojos haya dejado de paralizarme el corazón, que con tu mano toques tu castaño claro pelo hacia atrás deje de ponerme cachonda y sobre todo, que tu piel tatuada no haga humedecer hasta el último rincón de mi cuerpo. La gente cambia. Hay quien no. Pero hay quien sí. Y tú eres una de esas personas. También admito mi 10% de culpa. Entregarme en cuerpo y alma a ti fue un gran error. Dar por hecho que merecías la pena. Que eras diferente. Que podría funcionar. Ponértelo fácil. Sencillo. Está claro, para ti yo tengo el 100% de la culpa, nunca debí proponerme hacerte sencilla la vida. ¿Es que estamos locos? Tú lo has querido. Quizás dentro de unos días, semanas, meses o tal vez años vuelva a escribir aquí, con la cabeza gacha, admitiendo que me has hecho tuya y que he caído en tus redes. Pero ya no me sientas bien. Ni causas estragos en mi corazón. Eres uno más. Y eso, mola mucho chaval.