domingo, 14 de diciembre de 2014

Fluyendo

Hay momentos trascendentales en la vida de las personas. Un nacimiento. Un fallecimiento. Una mudanza. Un viaje. Una persona. Sin embargo, yo estoy experimentando cambios en la ciudad que me vio nacer. En la casa que me vio crecer. Con la misma gente de siempre y nuevas caras muy bonitas. Cambios dentro de mí. De mi corazón. Mi mente. Mi alma. Cambios que se producen tan lentamente que apenas se aprecian, como cuando te quedas dormido, que no te das apenas cuenta. Algo tan sencillo como dejarse llevar. No plantearnos problemas que aún no tenemos. No agobiarnos. Pensar que todo pasa. Que todo llega. Que siempre se puede estar peor y que todo, o casi todo tiene solución. Que las caídas, las heridas, nos hacen fuertes. Que todo tiene un lado positivo. Y que por supuesto, si no acababa bien es que no fue el final, o que tuvo que acabar así por algún motivo. Aprender que siempre es un buen momento para empezar de cero, para cambiar eso que tanto daño te hace y que tú mismo propicias. Porque lo rápido viene rápido se va. Porque hay que dejarlo fluir. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario