sábado, 29 de noviembre de 2014

1:53

Son las 2 de la mañana. Exactamente las 1:53 según la pantalla de mi Mac, que tiene por fondo una foto de mi hermano y mía en Londres. Londres. Bonita palabra. El corazón me va a dos mil por hora. Realmente creo que va a una velocidad demasiado rápida. Dos mil por hora me parece demasiado poco. Nervios. Ganas. Muchas ganas. Y la imaginación jugándome malas pasadas. Quizás salga mal. O quizás, por una vez, habérmelo jugado todo a una carta, a ese precioso as de corazones me sirva de algo. Aunque que me quiten lo bailao. Esta sensación, esta presión en el pecho, en el corazón no la cambio por nada. Que sea lo que tu piel y la mía quieran. 

martes, 18 de noviembre de 2014

Sin ti

Quizás hoy no esté demasiado inspirada para escribir. Pero tengo la necesidad imperiosa de liberarme de algo. De ti. Está siendo un final de año muy, muy agridulce. Y lo agrio empezó cuando todo volvió a empezar. Ya lo sé. Que de los errores se aprende. Pero yo ya tendría que haber aprendido con el primer tropiezo. Es cierto que le cogí cariño a la piedra, qué le vamos a hacer. Decir que está siendo un final de año agridulce es una estupidez. Realmente solo una cosa me trae de cabeza. Bueno, dos. Pero estoy dejando que una de ellas me vuelva loca porque me encanta. En resumen, superarte, olvidarte, no pensarte, o pensarte pero no sentir esa punzada en el alma, en lo más profundo, eso que siempre me has provocado, es de las mejores cosas que me están pasando ahora mismo. Sé que he estado a punto de recaer en muchas ocasiones. También sé que todo lo malo me ha llevado hasta este bonito sendero, donde la primera baldosa es un cero enorme. Ya eres parte del pasado. De mi "yo" anterior. Porque no te mereces alguien como yo. Nunca lo has merecido. Ni nunca lo harás. Por fin lo puedo decir. He cerrado tu puerta, tu ventana. Te has quedado anclado en el pasado. Y Dios sabe bien lo bien que eso sienta.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Allí. Tan lejos

Tantos puntos cardinales. Tantos puntos en común. Tantos momentos para encontrarse. Y tuvo que ser allí. A kilómetros de la locura. Del caos. De la organización. Donde salir a la calle, abrigarse, pedir un café bien caliente y mirar a un lado y a otro es un plan perfecto para cualquier día. Allí. Aquella noche. Pocas veces me falla la intuición. Pocas veces el destino no me sorprende. No sé si fue la adrenalina de las nuevas experiencias. La felicidad que jamás había sentido en mi vida. Esa sensación de plenitud total. O simplemente fueron tus labios. Tu piel. Tu olor. O mis ganas de abrazarte, cuidarte, consolarte. Pero, amigo mío, de qué manera te me has metido debajo de la piel. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

No sé si me explico

No sé si será porque el año está llegando a su fin y los finales y principios me enamoran, me recargan las pilas. No sé si será porque poco a poco voy despegando de mis raíces. No sé si será porque (toco madera) todo parece estar en suspensión. Parece que el tiempo se ha detenido y puedes mirar a tu alrededor tranquilamente, rodeada de paz, como si nadaras en mitad de las aguas cristalinas del pacífico caribe, como todo sigue su curso. Que incluso puedes disfrutar junto a las preocupaciones y brindar con ellas. No sé si será porque, por fin, muy despacio, a fuego lento, empiezo a apreciar las pequeñas cosas. Empiezo a darle importancia a lo importante. No sé si será porque amo lo que hago. Amo a la gente que me rodea. Qué diablos. Sí sé porque es. Porque, como he dicho antes, los comienzos me enamoran.