miércoles, 12 de diciembre de 2018

necesidad

hoy, he sentido la necesidad de escribirte. a ti, querido diario, por llamarte de alguna forma. 

han cambiado tantas cosas. hace unos días, se cumplió mi primer año desde que volví de londres. estamos ya prácticamente a mitad de diciembre, y me parece un buen momento para hacer balance.

he perdido kilos, he perdido miedos, he perdido confianza en mi misma y la he recuperado, he perdido un poco de dignidad, pero tranquilos, la he vuelto a recuperar. hace 12 meses, no era yo. era una mala y pobre versión de una melisa perdida, desorientada y ebria de cambios. admitámoslo, todo lo malo que trajo barcelona mereció la pena por lo positivo que fue volver a encontrarme. ahí vino mi primer aprendizaje del año 2018: viajar es bien. es tu vía de escape, tu psicólogo. tu terapia. después vinieron huelva, cádiz, madrid, londres e ibiza. ciudades internacionales o locales que me dieron paz, armonía y me aportaron cosas bonitas. 

ha sido el año en el que, por fin, he encontrado mi propio hogar. el año en el que no me he enamorado de nadie, solo de mi misma (que no es poco). el año en el que he aprendido a estar sola, sin depender de nadie que no sea mi propia persona. el año en el que me han roto el corazón demasiadas veces para la mujer que quiero ser, la versión mejorada y evolucionada. 

ha entrado gente a mi vida maravillosa, un trabajo en el que sigo aprendiendo y se han quedado los que siempre quieren quedarse.

2014, fuiste un año inolvidable, pero tú yo de 4 años más tarde, te ha ganado la batalla. a nivel personal, me ha conquistado este 2018. 

siento que estoy en el camino. podría haber elegido seguir viajando. vivir en américa o en australia. pero no. he tomado el camino del asentamiento permanente en villa melisa, de ir en coche, de cuidar mi alimentación, de los míos, de mí.

el 9 es mi número favorito, así que 2019 tiene todas las papeletas para erizarme la piel en un nuevo nivel.

gracias a la vida, que me ha dado tanto. gracias por tanta salud, por tantos amigos y por mi familia. gracias por esta vida.


domingo, 9 de septiembre de 2018

Todos los hombres de mi vida

Si a Sophie nunca la hubiera dejado Tom, Sophie nunca hubiera conocido a Paul. Si Sophie no hubiera vuelto tan rápidamente a los brazos de Tom cuando éste quiso retomar la relación, abandonando así a su principal apoyo, Paul, las cosas hubieran sido muy diferentes.

Sophie sabe que ese fue el antes y el después. Las cosas nunca volverían a ser como antes. Paul era todo lo que ella quería y más. Todo se parecía cada día a mas a esos cuentos de hadas que nos inculcan a las niñas cuando tenemos 3 años. Crecemos en una mentira de amor para toda la vida, de rosas y pedidas de mano hincando rodilla. Y cuando lo tenemos, cogemos el primer avión de vuelta a casa para lanzarnos a los brazos de alguien que, aun sabiendo que detesta todas y cada una de las cosas que te hacen única, nos vuelve completamente locas. 


Sophie siempre tendrá esa espina. Siempre se preguntará que hubiera pasado si se hubiera quedado en Londres, en casa de Paul, esperándole con la cena lista de su viaje de fin de año. Sophie siempre se preguntará qué hubiera pasado si Tom hubiera recibido un no por respuesta. ¿Se hubiera plantado en fría Inglaterra para pedir clemencia, amor y una segunda oportunidad? Sophie siempre, siempre pensará que no.


Pero ella siguió a su corazón. Sophie dejó ella esta vez a Tom. Así conoció a Robert. Las RRSS nunca habían sido terreno de ligue para ella, pero había algo arrebatadoramente sexy que la empujó a quedar con aquel desconocido alto, de barba espesa y voz grave. Y una altura y músculos que le nublaban el sentido. Sumida en una época en la que Tom y Paul fueron los protagonistas, un actor secundario le vino muy pero que muy bien. Era, eso, sexy. Fue un soplo de aire fresco. Pero lo que Sophie no supo es que Robert tenía otros planes para ellos. Esfumarse y desaparecer del mapa era su siguiente paso.


Pasarían unos meses hasta que la intensa Sophie conociese a otro galán. Esta vez en tierras catalanas. A petición de nuestra protagonista, pasaremos de largo por este pequeño tropezón en su historia de amor. 


Las RRSS volvieron a meter a Sophie en el partido de los ligues, y aunque no fue lo que esperaba, el militar Albert, le dio las fuerzas necesarias para darse a valer y volver a retomar una antigua relación del pasado. 


Alvin era una cuenta pendiente para Sophie. Y viceversa. Dicen que del amor al odio hay un paso. Y cuánta razón. Alvin había aparecido en una red social de ligues de Sophie. Y eso fue lo que los devolvió al partido. Un mensaje por aquí, otro por allá, y Alvin se lanzó al barro con ella en una noche que jamás olvidarían. Empezó algo tremendamente bonito. Se conocían pero eran dos completos desconocidos. Noches de sexo, charlas, happy meals, tardes de playa, cigarros interminables y películas que Sophie nunca entendió por qué eran la locura de Alvin completaron algo más de 30 días de una casi relación. Pero Sophie quería más. Pero tampoco quería ser un impedimento en su futuro. Así que decidió hacerse a un lado para que él pudiera tomar las decisiones correctas sin que estuviera en juego su corazón. Jamás le olvidaría. Y el capítulo no estaba cerrado para ambos. 


Han pasado 10 meses. Es verano. Pensaréis que Sophie tenía más que suficiente, que ya lo había pasado lo bastante mal como para tener el valor de acercarse al que ella pensaba que era el chico más guapo que había visto en su vida y pedirle el teléfono. Pero lo tuvo. Matty era 100% su prototipo. Alto, con los ojos más celestes que ella nunca había visto, maduro y con una voz de la que se enamoró en el primer susurro. Pasaron lo que para ella fueron las dos mejores semanas desde hacía 1 año -como veréis, Sophie se entrega apasionadamente a cada persona que conoce, le entrega todo lo mejor de ella y piensa que cada persona es única y especial-. Pero una vez más, las dudas por parte de la otra persona rompieron otro trocito más del enorme corazón lleno de amor de Sophie.


Fue duro. Fue duro darse cuenta de que había pasado demasiado tiempo preocupándose por enamorarse, cuando ella era consciente de que eso cae, literalmente, del cielo.


Sophie se enamoró la primera vez de un chico que guardó todas sus conversaciones del fallecido Messenger y las plasmó en un libro (así como sus mensajes de texto). Un chico que llenó de flores un cuarto y una bañera. Que volvía antes de sus vacaciones para sorprenderla. Sophie se enamoró por segunda vez de un chico que buscó su número para pedirle una cita y pasó a recogerla. Y se volvió a enamorar por tercera de vez de un chico que la fichó por la calle, la agregó posteriormente a Instagram y, días después, comentó en una foto de una bañera, para estar dos meses conociéndolo hasta que se plantó en la puerta de su casa.


Sophie se había dado cuenta de que había retrocedido en el tiempo y desaprendido la lección: dejar que todo fluya. Dejarse querer. Dejarse mimar. Dar, pero sobre todo, recibir. 


Sophie se encuentra en este momento en un periodo de autocuración, mental, física y de corazón. No está negándose al amor, está un poco enojada con él, por habérselo dado todo y haber recibido un 1%. Por una vez, y sin miedo a las consecuencias, no quiere enamorarse. No quiere tener citas espectaculares, si no se las prepara nadie, no quiere sorpresas, si no es ella las que las recibe. No quiere sufrir. 


Pero sabe que algún día, esa persona, con la misma intensidad emocional y para vivir el amor que ella, aparecerá y la hará tan feliz como ella quiere hacer a alguien. Mientras tanto es feliz con su trabajo, sus amigos y su maravillosa familia. Es feliz con su siguiente viaje. Con sus proyectos. Con la idea de un nuevo hogar.


martes, 5 de junio de 2018

He atrasado esto todo lo que he podido y más.

En agosto hará dos años que ya no estamos juntos. Hará dos años que no me enamoro. 

En abril hizo tres años que me enamoré de ti. Y 25 años desde que yo vine al mundo. Los 24 han sido una locura. Londres. Idas. Venidas. Síes y noes. Lágrimas y orgasmos. Y en definitiva, el adiós definitivo. Decidí que entrar en los 25 eran la cura para nuestros males. Sinceramente, creo que nos ha venido de perlas romper, pasar la página, cerrar el libro y empezar a mirar otros. Sinceramente, la herida está cerrada, aunque sigue quedando resquemor. Decías que yo odiaba escuchar tus verdades. Creo que era el problema de ambos. Sinceramente, no creo que te acuerdes mucho de mí. Sinceramente, no sé qué piensas si alguien dice mi nombre. O qué sentirás. Yo no me permito el lujo de pensar en ti muy a menudo, porque olvidarte ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Hoy has venido a mi mente y he querido desahogarme. 

Espero que seas feliz. Que sigas echando la cabeza hacia atrás cuando te ríes. Que te quedes con lo bueno. Que sigas comiéndote el mundo. Que siga poniéndote tan cachondo el queso, los culos y un buen par de tetas. Que nada te sea suficiente. Que sigas viendo la vida en blanco y negro. Y que siempre tengas un hueco en tu piel para ese #1009.

A mí me va muy bien, ¿sabes? Nunca he sido tan feliz. Pensaba que nunca más volvería a sentir la plenitud que sentí viviendo en Londres. Pero esta etapa está superando cualquier expectativa. Pensaba que Málaga sería gris. Y está siendo a todo color. Adoro mi trabajo. Mi vida. He perdido cinco kilos. Fumo mucho menos. Me enfado muy poquito, aunque sigo teniendo ese tono de voz tan insoportable en ocasiones. Pero he encontrado la tranquilidad y la paz. Intento no planear, aunque sigue costándome, vivir al día, no darle importancia a cosas que no la tienen. Reír, a todas horas. Comer y luego quemarlo en el gimnasio que está cerca de mi trabajo. No decir no a casi ningún plan. Mi pelo está más largo y más rubio. Estoy ahorrando para comprarme una casa y este verano por fin voy a Ibiza. Y hoy he pensado en lo guay que sería coincidir una noche en Mitjana y ponernos al día. 

Sinceramente, no creo que leas esto, pero ojalá lo hagas.


lunes, 23 de octubre de 2017

Voy a contarte algo

Voy a contarte algo que aún no sabes.

Al gran amor de tu vida, ese que te abrazaba por las noches, a ese que arropabas cuando se cambiaba de cuarto para dejarte roncar a tus anchas, a ese que se quedó a pesar de tus tormentas, tus demonios, a ese que volvió en año nuevo, a ese que te cedía el sabor de la pizza a tu elección, a ese que cogiste el culo de camino a pedir vuestra primera copa juntos, a ese que siempre querías comerte, fuera donde fuese, a ese que te amó hasta que pudo, incluso cuando no podía, a ese que compartía sofá contigo y vuestro gato, a ese en el que estás pensando, a ese, al gran amor de tu vida, le debes algo. Qué digo algo, todo. Respeto, amor, cariño.

Sí, he soñado contigo, porque volver siempre había sido algo que quería contarte con ilusión y ganas. Y hasta que no te lo conté, no dormí. Y si esa persona está mal, estás ahí, porque a pesar de todo, es eso, el gran amor de tu vida, es ella, es quien te quiso a 2.500 km, quien siempre volvía. 

Ya todo está demás, quién está por encima de quién, quién ha dejado de querer a quién, quién está conociendo a otras personas. No hay niveles. Ya está todo perdido. Solo queda el recuerdo de lo que fuimos. Que no es poco. 

Siempre vas a tener un lugar en mi corazón. Nadie va a sustituirte. Has llenado una parcela de mi vida, plantaste amor, cariño, risas, locura. Y esos frutos jamás desaparecerán de mi alma. 

Habla de mí con cariño, con una sonrisa en los ojos, con admiración, con nostalgia si quieres, pero nunca dejes un mensaje si contestar porque creas que va a llevarnos a ese punto ciego del que nos ha costado tanto salir.

Voy a contarte algo que aún no sabes. Sigo siendo yo. Y siempre lo seré