martes, 5 de junio de 2018

He atrasado esto todo lo que he podido y más.

En agosto hará dos años que ya no estamos juntos. Hará dos años que no me enamoro. 

En abril hizo tres años que me enamoré de ti. Y 25 años desde que yo vine al mundo. Los 24 han sido una locura. Londres. Idas. Venidas. Síes y noes. Lágrimas y orgasmos. Y en definitiva, el adiós definitivo. Decidí que entrar en los 25 eran la cura para nuestros males. Sinceramente, creo que nos ha venido de perlas romper, pasar la página, cerrar el libro y empezar a mirar otros. Sinceramente, la herida está cerrada, aunque sigue quedando resquemor. Decías que yo odiaba escuchar tus verdades. Creo que era el problema de ambos. Sinceramente, no creo que te acuerdes mucho de mí. Sinceramente, no sé qué piensas si alguien dice mi nombre. O qué sentirás. Yo no me permito el lujo de pensar en ti muy a menudo, porque olvidarte ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Hoy has venido a mi mente y he querido desahogarme. 

Espero que seas feliz. Que sigas echando la cabeza hacia atrás cuando te ríes. Que te quedes con lo bueno. Que sigas comiéndote el mundo. Que siga poniéndote tan cachondo el queso, los culos y un buen par de tetas. Que nada te sea suficiente. Que sigas viendo la vida en blanco y negro. Y que siempre tengas un hueco en tu piel para ese #1009.

A mí me va muy bien, ¿sabes? Nunca he sido tan feliz. Pensaba que nunca más volvería a sentir la plenitud que sentí viviendo en Londres. Pero esta etapa está superando cualquier expectativa. Pensaba que Málaga sería gris. Y está siendo a todo color. Adoro mi trabajo. Mi vida. He perdido cinco kilos. Fumo mucho menos. Me enfado muy poquito, aunque sigo teniendo ese tono de voz tan insoportable en ocasiones. Pero he encontrado la tranquilidad y la paz. Intento no planear, aunque sigue costándome, vivir al día, no darle importancia a cosas que no la tienen. Reír, a todas horas. Comer y luego quemarlo en el gimnasio que está cerca de mi trabajo. No decir no a casi ningún plan. Mi pelo está más largo y más rubio. Estoy ahorrando para comprarme una casa y este verano por fin voy a Ibiza. Y hoy he pensado en lo guay que sería coincidir una noche en Mitjana y ponernos al día. 

Sinceramente, no creo que leas esto, pero ojalá lo hagas.


lunes, 23 de octubre de 2017

Voy a contarte algo

Voy a contarte algo que aún no sabes.

Al gran amor de tu vida, ese que te abrazaba por las noches, a ese que arropabas cuando se cambiaba de cuarto para dejarte roncar a tus anchas, a ese que se quedó a pesar de tus tormentas, tus demonios, a ese que volvió en año nuevo, a ese que te cedía el sabor de la pizza a tu elección, a ese que cogiste el culo de camino a pedir vuestra primera copa juntos, a ese que siempre querías comerte, fuera donde fuese, a ese que te amó hasta que pudo, incluso cuando no podía, a ese que compartía sofá contigo y vuestro gato, a ese en el que estás pensando, a ese, al gran amor de tu vida, le debes algo. Qué digo algo, todo. Respeto, amor, cariño.

Sí, he soñado contigo, porque volver siempre había sido algo que quería contarte con ilusión y ganas. Y hasta que no te lo conté, no dormí. Y si esa persona está mal, estás ahí, porque a pesar de todo, es eso, el gran amor de tu vida, es ella, es quien te quiso a 2.500 km, quien siempre volvía. 

Ya todo está demás, quién está por encima de quién, quién ha dejado de querer a quién, quién está conociendo a otras personas. No hay niveles. Ya está todo perdido. Solo queda el recuerdo de lo que fuimos. Que no es poco. 

Siempre vas a tener un lugar en mi corazón. Nadie va a sustituirte. Has llenado una parcela de mi vida, plantaste amor, cariño, risas, locura. Y esos frutos jamás desaparecerán de mi alma. 

Habla de mí con cariño, con una sonrisa en los ojos, con admiración, con nostalgia si quieres, pero nunca dejes un mensaje si contestar porque creas que va a llevarnos a ese punto ciego del que nos ha costado tanto salir.

Voy a contarte algo que aún no sabes. Sigo siendo yo. Y siempre lo seré